La Física define la Inercia como la tendencia que tienen los cuerpos a mantener su estado, de reposo o de movimiento, hasta que una o varias fuerzas externas actúen sobre dichos cuerpos, modificando su actual estado.
Dicha ciencia incluso cuantifica, en la segunda Ley de Newton, esta tendencia o inercia, mediante la conocida fórmula matemática F = m.a
Las ciencias sociales, sobre todo la sociología y la antropología, definen las costumbres como actos, repetidos y reiterados en el tiempo, cuya finalidad es servir como instrumento de integración social, y con capacidad de convertirse en normas reguladoras de las relaciones establecidas en dicho grupo social (funcionalismo social).
Estas ciencias no cuantifican el valor matemático de dichas costumbres, pero si las cualifican definiéndolas como fundamentales y básicas para el individuo y el grupo social al que pertenecen.
En un acto un tanto osado, podríamos definir la Inercia de las Costumbres, como la tendencia del individuo, o los grupos sociales, a mantener su “actual situación o estado de las cosas”, debido, sobre todo, a las costumbres adquiridas, aceptadas y/o impuestas..
- Los individuos necesitamos integrarnos en grupos sociales para dar respuesta a nuestras necesidades y exigencias.
- Los grupos sociales (sociedades) necesitan, para su supervivencia y estabilidad, una integración de los individuos, creciente y ordenada… para ello facilitan y/o imponen múltiples instrumentos y mecanismos, entre los cuales, las costumbres constituyen todo un conjunto básico y fundamental.. Dichas costumbres abarcan todo tipo de aspectos, desde los puramente festivos o los más concretos y cercanos (como los afectos y los sentimientos), hasta los más abstractos y lejanos (creencias, ideologías, ética, moralidad..)
- Empujados y animados por nuestras necesidades, los individuos vamos aceptando y asumiendo estos instrumentos de integración y adaptación a la sociedad.. Y a medida que lo hacemos, nos vamos convirtiendo en participantes y cómplices activos/pasivos de dicha estabilización social.
El resultado lógico de todo este proceso es que los grupos sociales y los individuos que los componen, tienden a ser conservadores (o conservacionistas).. Más cuanto mayor sea el tiempo de exposición al proceso de integración y a las costumbres adquiridas y/o impuestas durante dicho proceso..
Quizás por ello, suele afirmarse (con razón), que la adolescencia y la juventud son períodos más inestables, más propensos a todo tipo de cambios en el individuo.. o que las sociedades más “jóvenes y nuevas” están más abiertas y dispuestas a la evolución, e incluso a la revolución.
Quizás por ello, suele afirmarse (con razón), que la adolescencia y la juventud son períodos más inestables, más propensos a todo tipo de cambios en el individuo.. o que las sociedades más “jóvenes y nuevas” están más abiertas y dispuestas a la evolución, e incluso a la revolución.
La Inercia de las costumbres (o la resistencia a los cambios), es tan poderosa que minimiza, y hasta imposibilita el posible efecto convulsivo de otras muchas fuerzas exteriores que pueden actuar sobre el individuo o los grupos sociales.. hasta tal punto que, con frecuencia, cuesta comprender cómo determinadas circunstancias (por excepcionales, inéditas o traumáticas que éstas sean), dejan inalterables ambas realidades.. y dando una buena explicación al por qué de la reincidencia y el mantenimiento de los comportamientos individuales y colectivos, aunque éstos evidencien su más que dudoso carácter de erróneos.
Quizás por ello, hay quienes consideran (y me incluyo entre ellos) que la evolución del ser humano y de la sociedad no es un proceso lineal (desde un punto de partida, hacia algún punto, más o menos lejano, de llegada).. sino que es un proceso, fundamentalmente, circular (en el que los puntos de partida y de llegada se van superponiendo, periódicamente, en el tiempo)..
Otros, más sencillamente, expresan lo mismo al afirmar aquello de que “el ser humano es la única criatura capaz de tropezar, reiteradamente, en la misma piedra”..
Dicha consideración no invalida el movimiento de avance (o incluso de retroceso), simplemente lo cualifica de una determinada manera.. la rueda es un buen ejemplo de ello..
Supongo que por todo ello, creo haber tenido, casi siempre, una relación compleja con las costumbres..
puedo reconocer el valor y la importancia de muchas de ellas..
hasta puedo reconocerme como partícipe y parte de otras tantas..
Y al mismo tiempo me cuesta aceptar su dictatorial inercia.. a veces, ni tan siquiera impuesta.





