Las imágenes expuestas a continuación fueron tomadas por el fotógrafo Charles Ebbets; forman parte de una colección fotográfica sobre el levantamiento y la construcción de los primeros grandes rascacielos de la ciudad de New York, llevada a cabo en la primera mitad del siglo XX... Algunas, por ejemplo, pertenecen a la construcción del Rockefeller Center y están tomadas en la planta 70 (a más de doscientos metros de altura)..


Al contemplar estas imágenes, lo primero que uno experimenta es un intenso escalofrío y/o estremecimiento.. o dicho más llanamente: ! se te sube, de repente, algo, hasta hacerse un grueso nudo en la garganta !..
Superada esta primera e inquietante sensación, uno imagina, inmediatamente, las protestas, reclamaciones y gritos, en el cielo y en el infierno, que proferirían lideres sindicales, políticos responsabilizados y medios de comunicación sensibilizados.. si dichas imágenes hubieran sido tomadas en nuestros días.. Protestas a las que, sin duda alguna, nos sumaríamos todos, con total y absoluto entusiasmo..
Una vez pasados ese momento de acojono ajeno y extremo, y el momento reivindicativo y solidario, uno (ya más sosegado), casi no tiene más remedio que pararse y reflexionar, aunque sólo sea brevemente (a menos, claro está, que uno tenga menos sensibilidad que un botijo)..
Seguramente, ante estas imágenes, podrían ser muchas y muy diversas las reflexiones que podrían hacerse..
En mi caso concreto (no sé muy bien por qué), me he quedado con una pregunta:
¿ de qué nos solemos sentir orgullosos los seres humanos?..



El Orgullo (el propio o el ajeno), es ese sentimiento de aprobación, de satisfacción y reconocimiento que experimentamos durante o después de una determinada acción o el desarrollo de un proceso, bien por haberlos protagonizado, por haber participado en ellos, o por sentirnos (de alguna manera), más o menos cercanos de quienes los han llevado a cabo.
Para bien y para mal, dicho sentimiento de orgullo está, por tanto, ligado al esquema de valores establecido en cada grupo o sociedad... y en cada momento histórico concreto y determinado... No es de extrañar, por tanto, que los seres humanos podamos sentirnos orgullosos de hechos y acontecimientos tremendamente dispares y contradictorios.. Desde los más loables y admirables.. hasta los más terribles y despreciables..
Los actos y procesos violentos son un ejemplo claro de ello: dependiendo de si los protagonizamos "nosotros o los nuestros", o si los protagonizan "los otros", suelen ser considerados "actos heroicos y ejemplares" (merecedores de todo tipo de reconocimientos), o "actos repudiables" (merecedores de todo tipo de condenas)..
Otro ejemplo de ello, tan generalizado, o más, en el espacio y en el tiempo, es aquel que refleja el antiguo dicho "Tanto tienes, tanto vales"... y que básicamente consiste en trasladar el reconocimiento y la satisfacción (y por tanto el sentimiento de orgullo), de la acción concreta a su resultado o rentabilización... El sentimiento de orgullo se convierte, así, en una mercancía más, manipulable, comercializable y hasta cotizable en Bolsa, o en cualquier otro mercado de valores, ya sea político, religioso, social..


No digo yo que haya que olvidar a Todos los primeros (aunque igual no estaría nada mal hacerlo con muchos de ellos).. Pero sí creo que deberíamos tener más presentes a los Segundos... No lo digo por ningún tipo de sensiblería sentimental... ni tampoco por ningún alarde de hipocresía solidaria.. Creo que es una cuestión ética, de justicia, de reconocimiento y restitución histórica y necesaria.. Ninguno de ellos contó nunca (ni cuenta), con ningún tipo de reconocimiento social más bien de todo lo contrario).. es por tanto lógico pensar que difícilmente pudieron (ni pueden), sentirse muy orgullosos ni de sí mismos... salvo, quizás, por el orgullo personal de sobrevivir y "tirar para adelante"..
Puede que muchos piensen que con eso, ya es bastante... yo, personalmente, quiero creer que es insuficiente... y hasta injusto..
Por ello, desde acá, aprovecho para expresar mi admiración por todas estas personas relegadas, históricamente, al anonimato y al olvido... y para expresar, también, mi pequeño o gran orgullo de pertenecer, cuanto menos, a su misma condición y especie..