martes, 8 de febrero de 2011

UN LARGO CAMINO (2ª parte)

Ingresé en la escuela de arquitectura en septiembre de 1975.
Dos meses despues, moría el dictador Franco.

Comenzaba un período complejo, difícil y convulso, protagonizado por la lucha entre quienes querían perpetuar la situación y los privilegios alcanzados e impuestos durante los cuarenta años de dictadura fascista, y quienes creían en la necesidad de cambiar y establecer una sociedad diferente, más justa, libre, igualitaria y moderna.

La iglesia católica española, firmemente enraizada en el régimen de la dictadura, no iba a quedarse al margen de este período tan conflictivo.

A finales de los años cincuenta, el recién elegido papa, Juan XXIII, convocó e inició la celebración del ecuménico Concilio Vaticano II. Dicho Concilio, finalizado en 1965 por el papa Pablo VI, supuso la revisión más profunda e influyente de la iglesia católica durante el siglo XX. Su planteamiento de partida era la necesidad de una sincera apertura y puesta al día de la iglesia, ensimismada y anclada en sus ritos, tradiciones, doctrinas y privilegios.. y muy alejada de la realidad cotidiana de los individuos, sus problemas y sus necesidades. Entre sus principales aportaciones, podrían destacarse las siguientes:
  • La recuperación del evangelio como eje central y principal fuente de motivación para la vida del creyente.
  • El protagonismo y la participación necesaria e imprescindible de dicho creyente en la la vida y el desarrollo de la fe individual, y de la iglesia como colectivo.
  • La libertad religiosa, reconociendo como iguales las distintas opciones, religiosas y no religiosas, rechazando, por tanto, cualquier discriminación o privilegio derivado de las mismas.
Este espíritu ecuménico, evangelizador, igualitario y democratizador, fue muy criticado y rechazado (calificado como herético), por amplios sectores eclesiales, entre los que estaba, cómo no, la iglesia católica española (con su jerarquía al frente). Pero a pesar de las dificultades, la influencia de dicho Concilio acabó por abrir algunas puertas y pequeños espacios de participación y renovación, que fueron aprovechados por reducidos grupos de cristianos comprometidos con la necesidad de vivir su fe de una manera nueva y diferente. Nacen así, a finales de los años 60, movimientos renovadores y grupos de trabajo, incardinados en parroquias, centros de trabajo o barrios populares, con objetivos concretos y diferenciados en su ámbito de influencia: la infancia, la juventud, el mundo obrero..

Mi integración a estos grupos tuvo lugar a través de mi parroquia, cuando aún cursaba los dos últimos años académicos y preuniversitarios.

La nueva e intensa actividad desarrollada por estos movimientos, en una realidad externa, ajena y hostil (con razón) a una iglesia reaccionaria y fascista, exigía la necesidad de aunar y compartir experiencias y aprendizaje, favoreciendo los encuentros entre los distintos grupos, para reflexionar y proponer principios, objetivos y tareas comunes y prioritarias, válidas no sólo para cada grupo, sino para el resto de creyentes, y para la sociedad en su conjunto. Se ponían así las bases de una nueva forma de vivir la fe, alternativa, transformadora y global, que conectaría, en la práctica, con otros muchos movimientos sociales, culturales, políticos o sindicales (aún ilegales y clandestinos, pero con una presencia e influencia, cada día mayor, en los últimos años de la dictadura).

Una consecuencia lógica de este doble proceso de transformación, tanto de la iglesia como de la sociedad en su conjunto, será la de desligarse e independizarse de las viejas estructuras que se oponían y rechazaban cualquier tipo de cambio. A nivel socio-político, esta ruptura desembocó en el proceso de la transición, el establecimiento y la consolidación de la actual democracia española. A nivel eclesial, aquellos movimientos renovadores, cristalizaron en la creación y el desarrollo de las Comunidades Cristianas Populares (C.C.P.).

Puede que no sea objetivo, dada mi implicación, desde sus orígenes, en la creación y el desarrollo de dicho movimiento, pero aún así me atrevo a considerar que las C.C.P, constituyen la aportación más interesante, de los últimos siglos, a la vivencia de la fe cristiana. El espíritu de dicho movimiento, como se desprende de su nombre, no era otro que el de recuperar y actualizar la vida y la experiencia de las primeras comunidades cristianas, antes de la consolidación de la iglesia católica como instrumento de gestión del cristianismo.

Claramente independizadas ya de la estructura jerárquica eclesial, y apostando por una estructura organizativa autogestionaria, a partir del individuo y su realidad, las C.C.P. llegaron a constituir un potente foco de referencia e influencia, desde el que animar y hacer converger las múltiples experiencias renovadoras surgidas a partir del Concilio Vaticano II: la necesidad de elaborar una Teología Popular, que cristalizaría en la Teología de la Liberación, fue una exigencia y un elemento de apoyo continuo de la vida y la experiencia de las C.C.P.

A partir del reconocimiento del ser humano como centro y protagonista de la historia (su historia), las C.C.P. se proponían y proponían, como tarea fundamental, el compromiso activo y cotidiano con la transformación de de dicha realidad, una transformación entendida como un proceso de liberación, individual y colectivo. La fe, como opción individual y vivencia colectiva, debía de estar, por encima de todo, al servicio de este proceso de liberación, apoyándolo y enriqueciéndolo, y en términos de igualdad y colaboración con las demás opciones individuales y colectivas comprometidas con dicho proceso.

Este largo período, de 1975 hasta finales de los ochenta, ha sido, probablemente, el período más enriquecedor e ilusionante de mi vida (y me atrevo a pensar que también de las últimas décadas de este país). Quizás, por ello, a pesar de mi evolución personal posterior, nunca he renegado ni renunciado a mucho de cuanto aprendí durante aquellos años.. Es más, gran parte de los valores y principios asumidos entonces, siguen formando parte esencial de mi vida, aunque sea con matices y perspectivas diferentes (no sé si importantes)...

No fue un período fácil, sino complejo y muy exigente, no sólo por las circunstancias y resistencias históricas, sino por la dificultad que siempre supone todo proceso de transformación individual: desmontar un pasado asumido, para elaborar, prácticamente desde cero, todo aquello que puede ser fundamental para dar sentido a una vida. Con total seguridad, no hubiera podido hacerlo sólo. Compartir con los demás la experiencia de cada uno, fue, sin duda, imprescindible para posibilitar dicho proceso.


PD: a quienes os "animais" a leer esto, os pido disculpas de antemano.. no sabía si titularlo como "Un largo camino".. o "Una larga entrada".. (y aún falta la 3ª parte, che.. :)..

4 comentarios:

Neogeminis :

Nada de disculpas, Javier!...has conseguido hilvanar paso a paso tu evolución larga y consciente en cuanto a la fe y los valores fundamentales que le dan sentido a tu vida en forma paralela al camino que la iglesia católica ha venido desarrollando en ese período, particularmente en tu tierra, donde tan arraigados están desde siempre los conceptos y formas más conservadoras. Con algunas variantes, también hemos comprobado en otras latitudes esos cambios que, buscaron ser profundos en su momento y luego han sido fuertemente combatidos y hasta desechados. Lamentablemente persisten aún los sectores más retrógrados asentados en los poderes de siempre que, en lugar de impulsar la liberación y dignificación del ser humano, insisten en mantener sometidos bajo sus designios a todos sus acólitos y a la sociedad toda.

Te dejo un abrazo, y espero la tercera parte.

Anónimo :

...voy de anonimo por que no tengo ganas de buscar mi dirección jejjej, soy Tere..
Voy a poner un enlace que cuando lo leí, vale lo reconozco soy muy friky y me lo leo to jejej...pensé y quise creer que era una broma que yo no fuí capaz de entender..aquí va:
http://www.autorescatolicos.org/marcelorivassanchezevangelio39.htm

Lo de que Jesús no sabe matemáticas. "Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizá lo hubieran suspendido....Jesús no sabe de lógica...."oño ahí me han matao jajjajja...claro chavalote ( me refiero al autor de tan grandes afirmaciones)menos mal que estás tu pa explicarlo jejejej...no digo más...bueno si, no serás tu el que no ha entendido nada?? solo por barajar más opciones jejej

¿ has visto/leido el nombre de la rosa ?
¿ conoces http://es.wikipedia.org/wiki/Manuscritos_de_Nag_Hammadi ? ahí no hay concilio que valga jejej...creo que los de la fundación Jung se interesaron...

Anny :

Bon giorno pricipesco, jaja, ayer te vine a leer y hoy mejor te comento antes de ponerme a leer la nueva entrada.
Dentro de todo lo que has expuesto me gusta el hecho que hayas vivido esos momentos y que te hayas transformado desde las vivencias mismas, me gusta saber que hayas adquirido valores que aun persisten, que estes convencido de tu ideologia, sea cual fuese, pues aun no la tengo muy clara, jajaja.

Y bueno, yo a diferencia de Moniqué si acepto las disculpas, jajaj, pero te agradezco enormidades que la hayas dividido en tres.

Voy a la última e intentaré comentarla de una vez.

Un beso

Anny

G a b y* :

Creo Javi que son por demás interesantes, estos procesos que uno va haciendo a lo largo de la vida. Sin dudas, no somos -ni creo que podamos serlo- ajenos a los tiempos que transcurren, las necesidades que van surgiendo y los cambios de maduración propios, desde lo intelectual, lo afectivo y la realidad toda que nos acompaña.
La religión, viene a llenar un vacío, una necesidad, un "no sé qué", en determinados momentos. Creo que la fé debería ser (y sin duda lo es para muchos) el móvil que nos acerca a Dios (sea el Dios de la religión que sea), en mi caso- luego de altibajos, de forcejeos parentales por querer inculcarme una u otra religión, (nada consiguieron), siento que descreo de toda institución religiosa, pero, mantengo "cierta" fé, porque de alguna manera debo retroalimentar mis tiempos difíciles y de debilidad. Lo que sí, veo con mucho placer, son esas Comunidades religiosas que actúan desde el lado social, caritativo y solidario, aplicando la religión de un modo productivo.
Bueno, mis comentarios vienen por capítulos también! jaja!
Al tercero vamos!